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Crítica de Serie | ‘Roma’


Hoy toca hablar de una serie histórica no muy conocida, posiblemente por su pronta finalización, a pesar de su alta calidad: ‘Roma’. Siendo una co-producción entre la HBO y la BBC, y creada por Bruno Heller (‘El Mentalista’, ‘Gotham’) y John Milius (‘Conan el Bárbaro’, ‘Amanecer Rojo’), la producción ambientada en la Antigua Roma fue una de las más caras de aquellos años; unos 100 millones de dólares se invirtieron en crear una serie donde se mostrara tanto el día a día romano como las grandes intrigas por la obtención del poder. Y dio como resultado un gran producto, que consiguió lo que se proponía, con una ambientación destacable y una atención especial en los personajes, sus relaciones y las consecuencias de sus actos.

Primera temporada: Julio César y Roma en todo su esplendor


La serie se ambienta en el contexto histórico comprendido entre el final de la República Romana y el inicio del Imperio Romano. Una época de guerras civiles, como la que libraron Julio César y Pompeyo, conflicto en el que se centra su primera temporada. Sin embargo, no nos encontramos ante una serie de acción o que ponga especial énfasis en las batallas. Aunque tuvo un presupuesto bastante alto para el año en que se estrenó (2005), y contó con los escenarios Cinecittà (donde se rodaron grandes clásicos del cine histórico), prefirió centrarse en los asuntos internos, en la vida romana, las conjuras, sospechas, traiciones y ansias de poder. En la política y la sociedad de la época, para resumir. Es por ello, y por el modo de planificar los episodios y contarlo todo, por lo que muchos la consideran la antecesora espiritual de la archiconocida ‘Juego de Tronos’. Y no erró el tiro, pues con ‘Roma’ nos encontramos ante una producción exquisita en el modo de plasmar la vida romana, sus costumbres, sus procedimientos políticos y religiosos, y los grandes momentos históricos que llevaron al asesinato de Julio César (aunque alguna analogía tendrá, como toda obra de ficción). Todo apoyado en un diseño de producción fantástico, tanto en escenarios (interiores y exteriores), como en vestuario, etc., que no teme en mostrar la vida romana tal y como era: llena de color, sexo y violencia. Además, no trata a esta última como un elemento puramente de impacto, incluso muchas veces pasa por encima como si fuera lo más normal del mundo. Al fin y al cabo, por aquél entonces lo sería. Y cuando se ve obligada a “mostrar” algunos momentos de batalla o de ejércitos, sabe disimular estupendamente sus limitaciones, con un gran uso de la dirección y grabación de planos cortos.
Todo esto, aderezado con una banda sonora que ambienta a las mil maravillas, obra de Jeff Beal. Muy rítmica, y con la suficiente capacidad para transmitir grandiosidad. Le viene como anillo al dedo.

Lo único achacable a la serie (sobre todo en su primera temporada) es su manejo del tiempo, aunque es comprensible dada la ajustada duración (12 episodios aquí, y 10 en la segunda). Me refiero a que tienen claro lo que quieren contar, y el desarrollo que necesita, pero tampoco tienen todo el tiempo del mundo. Ello lleva a algún que otro salto en el tiempo demasiado brusco (que pilla por sorpresa cuando se hace partícipe de ello al espectador) y a personajes que viajan a velocidad luz con sólo un caballo para reunirse con quienquiera que no esté en la ciudad (y viceversa).


Pero no sólo en ambientación y técnica destaca ‘Roma’. La serie tiene un abanico de personajes de lo más jugosos, que dan muchísimo juego y que evolucionarán a lo largo de ambas temporadas. Aunque, mayormente, lo veremos casi todo con los ojos de dos roles que actúan casi de avatar para situar al público: Tito Pullo (Ray Stevenson) y Lucio Voreno (Kevin McKidd). El primero es un bruto bonachón de buen corazón (aunque al final de esta temporada se le vaya la pinza a lo loco), y el segundo un soldado recto y austero, de fuertes convicciones. Pero, sobre todo, son amigos, algo que se irá desarrollando poco a poco hasta que los dos parezcan hermanos, y estén dispuestos a darlo todo por el otro. Ambos son personajes históricos, pero los creadores aprovechan que apenas se conoce su vida para tener más libertad a la hora de darles una historia y relacionarlos con la trama principal. Y es una gozada el ver cómo juegan con ellos. No sólo ambos tienen un carisma enorme y te ganan desde muy temprano, sino que además son clave en los cambios políticos de Roma. Muchas veces de forma indirecta, haciendo que decisiones y consecuencias lleguen a ellos y reboten, afectando a otros tantos. Y está tan bien planificado que resulta todo lo asimilable del mundo. Es muy divertido ver cómo ambos se libran de castigos o incluso de la muerte gracias a intereses de los más poderosos, respaldados por sus propias motivaciones. Incluso uno de ellos es parcialmente responsable del punto álgido de la temporada, que a priori no tendría nada que ver con él, pero que resulta convincente por cómo se ha ido desarrollando todo. Y es que las relaciones de los personajes evolucionan maravillosamente, dando como resultado un conjunto orgánico, donde los giros suceden de forma natural y hay pocos momentos forzados. Todo ocurre con miras a cómo puede afectar al futuro, a un futuro lleno de cambios históricos que ya han sido escritos.

Aunque, otro punto negativo se lo lleva Voreno, esta vez en su vida personal. Como digo, su relación con lo importante es impecable, pero su vida marital no es que sea lo más interesante del mundo. Sus problemas con su esposa ocupan demasiado tiempo, y nos encontramos ante una relación aburrida y plomiza de la que no es necesario mostrar tanto. No tiene el empaque que pueden ofrecer los líos amorosos de Atia (una estupenda Polly Walker) con Marco Antonio (James Purefoy exudando carisma), la rivalidad de la primera con Servilia (Lindsay Duncan), o los problemas familiares en la casa de los Julio, donde destaca especialmente un joven Octavio (Max Pirkis), quien ya apunta maneras con su inteligencia y su meditación de los problemas políticos del país. Problemas cuyo peso recae, como no podía ser de otro modo, en Julio César, interpretado por un Ciarán Hinds que está comodísimo en el papel y que lo hace suyo, con una actuación sofisticada y regia. Con su muerte se cierra una primera temporada muy buena, que evolucionaría en varios aspectos en su segunda entrega.

Segunda temporada: Marco Antonio, Octavio y la evolución formal


El primer episodio de la segunda temporada ya es una declaración de que han llevado un paso más allá los aspectos formales. No sólo el guión dejaría grandes momentos, también en dirección y montaje se nota ese deseo de querer hacer más especiales y refinados los momentos que debieran serlo. Probablemente, una decisión que fuera posible gracias al incremento de presupuesto, pues aquí sí que se muestran más momentos de acción, más figurantes, más grandiosidad. Algo que en la primera parte se llevó con más discreción. Y no es lo que hace especialmente grande a esta serie, pero es un valor añadido que le sienta estupendamente. Con su segunda entrega, la serie dejaba una Roma con una situación política inestable, donde César había sido asesinado y sus ejecutores, con Bruto (Tobias Menzies) a la cabeza, pretendían volver a tomar el poder e instaurar la República. En contraposición, el peso del protagonismo recae en Marco Antonio, que recoge el testigo de César perfectamente. No sólo por la labia del personaje, sino porque, como ya he dicho, Purefoy tiene un carisma envidiable. Así pues, en esta parte se cuenta su incómoda alianza con Octavio, su tormentosa relación con Atia y su viaje a Egipto y posterior romance con Cleopatra (Lyndsey Marshal). Pero es lo primero lo más destacable, el papel que Octavio juega en toda la historia (inevitablemente), quien poco a poco roba el protagonismo a Antonio y quien es responsable de uno de los saltos más bruscos en el tiempo. Ello se debe a que al inicio, el actor es el mismo que en la primera temporada, pero al ser demasiado joven para las demandas que le exigiría más adelante el papel, se utiliza una elipsis para hacerle crecer… cambiando de intérprete, claro. Y aquí es donde viene una de las grandes pegas de esta segunda parte. Si Octavio era de los mejores personajes, con el cambio de actor se convierte en uno de los más odiosos. Simon Woods, quien le da vida entonces, ofrece una actuación robótica, y parece que esté recitando el guión de memoria. Más inspirado está cuando tiene que demostrar soberbia o poder, aunque siga provocando irritación. Y esto último no sería un problema si el personaje fuera así, y punto (un personaje no es peor personaje porque su objetivo sea ser odiado). El problema viene cuando supone todo un cambio en el mismo, pues es alguien totalmente diferente al Octavio de la primera temporada. Mantiene su actitud calmada (dependiendo del momento) y su parquedad en palabras, pero en lo demás, es otra persona. Pasa de ser un prometedor e inteligente joven a un Sheldon Cooper con toga. Un fallo enorme, no sólo por estropear un personaje que prometía mucho, también por hacer que uno de los pilares de esta segunda entrega genere rechazo.

En cuanto a nuestros buenos amigos Tito y Lucio, ambos obtienen un nuevo status quo, aunque sus acciones siguen modificando el devenir de la ciudad. Y hubiera sido más fácil mantenerlos en su posición, con la única misión de seguir relacionándose en la trama principal, sin embargo éstos se mueven, cambian y siguen desarrollándose, sin dejar de hacer lo primero. Aparte de ellos, en esta segunda parte llegan nuevos personajes y otros tantos se van, todos al servicio de las grandes disputas que se gestan en el senado, por una parte o por la otra. Conflictos que siguen su curso hasta finalizar en un desenlace fantástico, bien pensado y ejecutado, donde los personajes se establecen en nuevas posiciones, preparados para enfrentar las batallas (externas o internas) que vengan y que lamentablemente nos quedamos sin ver. Aunque tampoco es que las prometa, no deja tramas excesivamente abiertas como para necesitar una tercera temporada (los creadores sabían que ahí se acababa la cosa), razón por la que es un gran cierre.


Una auténtica lástima la finalización de la serie, promovida por sus altas demandas en presupuesto, pues de haber seguido no me imagino los grandes momentos que nos habría dejado. Estoy seguro de que hoy en día no sólo habría continuado, sino que gozaría de una mayor y merecida fama. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga, y su desenlace supone un final inmejorable para la gran serie que es ‘Roma’.

Hoy toca hablar de una serie histórica no muy conocida, posiblemente por su pronta finalización, a pesar de su alta calidad: ‘Roma’. Siendo una co-producción entre la HBO y la BBC, y creada por Bruno Heller (‘El Mentalista’, ‘Gotham’) y John Milius (‘Conan el Bárbaro’, ‘Amanecer Rojo’), la producción ambientada en la Antigua Roma fue una de las más caras de aquellos años; unos 100 millones de dólares se invirtieron en crear una serie donde se mostrara tanto el día a día romano como las grandes intrigas por la obtención del poder. Y dio como resultado un gran producto, que…

NOTA

MUY BUENA - 8.5

8.5

MUY BUENA

La coproducción de la HBO y la BBC es una de las mejores series sobre la Antigua Roma que te puedes encontrar, tanto por su diseño de producción como por su tratamiento del contenido. Muy recomendable.

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Acerca de Alex Rojano

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Creador de la página y el que lleva el cotarro de este chiringuito. Me encantan los videojuegos, el cine y las series, así como escribir de ellos, por eso inicié este blog, y a día de hoy aquí seguimos. Los cómics son mi asignatura pendiente, aunque poco a poco me voy poniendo al día y también podéis leer sobre ellos en la web. De la casa Stark, Padawan en muchos aspectos y vengador a tiempo parcial. Yo soy el que le explica a Nolan cómo tiene que explicar los guiones.

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