Inicio / Destacados / ‘Por un Puñado de Dólares’: la revolución del “spaghetti western”

‘Por un Puñado de Dólares’: la revolución del “spaghetti western”

Los Baxter a un lado, los Rojo al otro… y yo en medio.

Puede que ‘Por un Puñado de Dólares’ (‘Per un Pugno di Dollari’ en italiano, y ‘A Fistful of Dollars’ en inglés) fuera la obra menos reconocida dentro de la llamada ‘Trilogía del Dólar’ del director italiano Sergio Leone (no en mi caso), pero es innegable que fue la más importante, aparte de ser pura historia del cine. ¿La razón? Con ella se inició el boom de las películas del género western producidas por el país de la pasta: aunque no fue la primera (ya se habían rodado en Italia alrededor de 25 películas del género), sí fue la precursora del llamado spaghetti western, aunque a Leone no le hacía mucha gracia que consideraran a su trabajo como tal. Se distribuyó internacionalmente y asentó las bases del subgénero: protagonista de dudosa moralidad con afición por el dinero, enigmático y parco en palabras, duelos de miradas, acciones de lo más badass y chulescas… Normas que se seguirían a rajatabla en futuras producciones del tipo, dado el enorme éxito que obtuvo la cinta, que catapultó a un hasta entonces desconocido Clint Eastwood a la fama, y dio la oportunidad a un compositor llamado Ennio Morricone a seguir creando obras maestras musicales del cine. Todo gracias a su amigo Sergio Leone, quien iniciaría así la trilogía más célebre del western.


No fue la primera película de Leone, sin embargo. El italiano venía de rodar cine histórico, concretamente el denominado subgénero del peplum, con ‘Los Últimos Días de Pompeya’ (1959), ‘El Coloso de Rodas’ (1960) y ‘Sodoma y Gomorra’ (1962), títulos en los que a menudo se postulaba como co-director, sustituyendo a otros nombres más importantes. Fueron unos trabajos más discretos de lo que vendría después. Porque no fue hasta el verano de 1963 cuando se embarcó en un proyecto más personal, alejado de los encargos de los estudios. Leone quería dirigir western, y a ello se puso, con una co-producción italiana-española-alemana de bajo presupuesto, que rondaría los 200.000 dólares. “Un puñado de dólares”, si lo comparamos con las estratosféricas cifras de producción posteriores y actuales. Contaría una trama con un héroe misterioso, cuyas acciones e historia se limitarían a la acción presente. Ni siquiera tendría un nombre, sólo apodos. “Nada de nombres. Ni pasado, ni futuro, sólo presente”, cuentan que decía Leone. Pero, obviamente, sí que necesitaba un actor para darle vida. Su primera opción fue Henry Fonda, y más tarde le ofreció el papel a James Coburn, pero ambos tenían el mismo problema: eran estrellas hollywoodienses de prestigio, demasiado caros, y Leone un director europeo desconocido con quien no querían trabajar, que carecía de tanto presupuesto. La siguiente opción fue Charles Bronson, quien rechazó el papel. Al parecer era “el peor guión que había visto en su vida”. Curiosamente, el actor con ciudad propia en ‘Los Simpson’ trabajó cinco años más tarde con el director, en otro western, ‘Hasta que Llegó su Hora’ (1968). Y, por si fuera poco, también rechazó el protagonizar el filme el actor Richard Harrison, porque se negaba a repetir la caótica experiencia de trabajar con un equipo italiano, pues el actor ya había realizado películas del mismo género en el país de Leone.


Finalmente, el cineasta pensaría en Eric Fleming para el papel, pero la respuesta de éste también fue negativa. Sin embargo, no hubo mal que por bien no viniera. Fleming trabajaba por aquel entonces en una serie de televisión, ‘Cuero Crudo’ (‘Rawhide’, 1959), también un western, y propuso a su compañero de reparto, un tal Clint Eastwood, para que protagonizara la película de Leone. A éste no le gustó la alternativa, ya que lo veía “demasiado blando” para el papel. Sin embargo, se le acababan las opciones, y aunque no tuviera a una estrella como punta de lanza de su filme, accedió a dirigir a Eastwood, siempre y cuando se dejara barba de días para tener un aspecto más envejecido y desaliñado. A Eastwood la oferta en un principio no le hizo mucha gracia, pues no confiaba en un proyecto que ponía un género puramente americano en manos de un italiano acostumbrado a hacer filmes baratos. Pero parece que, después de meditarlo, convino que no le venía tan mal. Su contrato con la serie le prohibía trabajar en verano en Estados Unidos, pero en Europa tenía vía libre. Así pues, podría trabajar más, cobrar los 25.000 dólares que cobró, y además viajar a lugares donde no había estado, por no hablar de la condición de que podría modificar sus frases, llegando a recortarlas y limitarlas a las necesarias para que avanzara la trama, quizás para aumentar el halo misterioso del personaje. Por otro lado, no veía riesgo en el proyecto de Leone que tan poca confianza había generado en otros; como no tenía una gran carrera a sus espaldas, si la cinta fracasaba no se acabaría el mundo para él, siempre y cuando llegara a su país, algo en lo que el actor no confiaba demasiado, pues creía que la producción sería relegada al olvido. “No conozco Italia, ni Alemania, ni España. No conozco ninguno de los países que producen la película, así que lo peor que puedo sacar de esto es un viaje agradable”. De esta forma tan optimista lo vio Eastwood, que finalmente firmó el contrato. Y, rápidamente, se puso a dar forma a la apariencia de su personaje. Porque, si a alguien le debemos esa icónica vestimenta es al bueno de Eastwood, en gran parte. Compró unos vaqueros oscuros en una tienda de deportes en Hollywood Boulevard, se hizo con un sombrero de una compañía de vestuario de Santa Mónica y adquirió unos puros en una tienda de Beverly Hills (que más tarde cortó en tres partes para que no fueran tan largos). El poncho vino después, aunque su procedencia exacta es desconocida. “Fui a un lugar donde vendían ropa en Santa Mónica Boulevard y simplemente compré esa ropa y me la traje a Italia”, afirmó el actor tiempo después. No sabemos si el poncho iba incluido o no en sus declaraciones, pues Eastwood también ha situado su compra en Roma o en Madrid, aunque del mismo modo hay quien cuenta que se hizo con él de camino a Almería, donde se rodaría gran parte de la película. Incluso hay fuentes que señalan que lo descubrieron porque ya lo había usado el director español Joaquín Romero Marchent en sus westerns. Lo que es seguro es que su obtención fue algo fortuito, simplemente el actor lo vio y pensó que le venía como anillo al dedo a su forajido. Y acertó de lleno, como se ha podido comprobar. Tal cariño le cogió, que lo mantuvo en las dos posteriores películas de la trilogía (de hecho, en ‘La Muerte Tenía un Precio’ se pueden ver los agujeros de bala remendados producidos en ‘Por un Puñado de Dólares’), algo así como si de un talismán de la suerte se tratase, y hay quien asegura que jamás lo lavó. Una tradición supersticiosa y no muy aseada, la de Eastwood.

Clint Eastwood junto a la actriz Marianne Koch en una imagen promocional de la película.

Así pues, el equipo se trasladó a España, elección dada por lo barato de rodar aquí por aquél entonces, con la intención de empezar a grabar el primer western de Leone, ‘Il Magnifico Straniero’ (‘The Stranger Magnificent’, en inglés). Pero, un momento… ¿Qué? ¿No se llamaba ‘Por un Puñado de Dólares’? Pues no, al menos hasta tres días antes de su estreno en cines. Durante el rodaje se tituló de la mencionada forma, y Eastwood no se enteró del cambio de título por ‘Per un Pugno di Dollari’ (‘A Fistful of Dollars’ en inglés) hasta tres semanas después del estreno, cuando un agente le sacó de la inopia durante una entrevista con Variety. El cambio no fue casual, pues Leone lo modificó a última hora, como consecuencia y extrapolando las dificultades que pasó en el rodaje, así como las discusiones y retrasos de los pagos de las productoras. Todo “por un puñado de dólares”, como podréis imaginar. No se puede decir que el cineasta tuviera muchas esperanzas en la rentabilidad de su obra, precisamente, a pesar del desplazamiento a nuestro país y el trabajo invertido.

En España, la película se rodó tanto en la provincia de Madrid (en un poblado ya desaparecido llamado “Golden City”, en el municipio de Hoyo de Manzanares, y en la Casa de Campo, para recrear el hogar de los Rojo), como en la de Almería (en lo que hoy es el Parque natural del Cabo de Gata-Níjar). Fue en la provincia andaluza donde el equipo pasó más penalidades, por ejemplo, cuando caía la noche. Era imposible encontrar en el desierto de Almería hoteles u hostales, de modo que eran los habitantes de los pueblos cercanos los encargados de proporcionarles un techo. Tal fue la recepción de los almerienses, tanto en ésta como en las dos películas posteriores, que Eastwood ha profesado en varias ocasiones su gratitud hacia ellos por “tratarle como uno más”. Todo esto cuando no se encontraban rodando, claro, pues en aquellos momentos el poco presupuesto de la producción mutaba en dificultades más primarias. “No había electricidad. No teníamos un trailer con baño. Hacíamos nuestras cosas detrás de las piedras”, comentó Eastwood tiempo después.

Leone dirigiendo a Eastwood en el set de rodaje.

Pero también en el propio set hubo complicaciones. Para empezar, el equipo italiano no debería tener mucha idea de la ambientación del Viejo Oeste americano, pues Clint Eastwood se sorprendió de lo que encontró, e incluso les aconsejó, por ejemplo, en el cambio de los sombreros que querían utilizar, ni más ni menos que los confeccionados con piel de mapache que utilizaban los hombres de la frontera (estilo Davy Crockett) 50 años antes del contexto del filme. Igualmente, la comunicación entre el actor y el resto del equipo y el propio Leone era muy dificultosa, debido a que ni Eastwood hablaba italiano, ni el director inglés. Se comunicaban a través de Benito Stefenalli, un especialista, o por medio de signos. También hubo dificultades con el tema del idioma en la propia grabación de la película, ya que ésta se rodó con cada actor diciendo sus diálogos en su propio idioma, sin grabar el sonido del set, que no hacía falta que estuviera en silencio. Más tarde, se doblaba a los actores al italiano, y el propio Clint tuvo que doblarse a sí mismo en inglés, tres años más tarde, en 1967, cuando la cinta llegó a Estados Unidos. Un proceso tan complejo como caótico, y con un Eastwood pluriempleado, que acataba todas las órdenes de Leone, hasta tal punto de que éste último hizo fumador al primero. La idea de los puros, sin embargo, fue de Clint, quien no fumaba porque le repugnaba el tabaco, pero pensó que el mascarlo y saborear su amargura ayudaría a su expresión contraída de tipo duro. Pero Leone le decía que se le notaba que no le gustaba nada, y que debía coger el hábito real, convenciéndole de que después sería fácil dejarlo. Nada más lejos de la realidad, pues Eastwood se convirtió en un fumador de tomo a lomo. Eso sí, la expresión la consiguió mejorar, pues Leone quedó muy satisfecho con su icónico trabajo. “Más que un actor, lo que yo necesitaba era una máscara”, dijo sobre Clint. Además, consideraba que el actor tenía tres expresiones: con cigarro, sin sombrero y con sombrero.

Lo que está claro es que, pese a las dificultades para comunicarse y las exigencias de Leone, el actor y el cineasta se acabaron entendiendo, posiblemente por la profesionalidad que cada uno veía en el otro. En el caso de Leone, fue toda una innovación la técnica que utilizaba para rodar la violencia. Hasta entonces, el estilo americano imponía que, al disparar, la cámara encuadrara al pistolero, y tras un corte mostrar los efectos del disparo, es decir, la muerte del contrario. Leone se saltó a la torera estas normas, eliminó el corte y grabó la acción desde el hombro del tirador, de modo que tanto disparo como muerte quedaba plasmado en el mismo plano, y la escena producía la sensación de estar siendo espiada por el espectador. Sin duda, una acción más directa y cruda.
Además, Leone era bastante precavido con su trabajo. Aunque la toma hubiera sido buena, se grababa después hasta tres veces más, con tal de tener copias por si se estropeaban en el laboratorio de montaje.


El cineasta italiano suplía con talento y genio la falta de recursos y el poco presupuesto. Tales eran las limitaciones que se las vieron crudas para poder utilizar una grúa, necesaria para grabar ciertas tomas. La consiguieron gracias al productor italiano Dino de Laurentiis, que también se encontraba en tierras almerienses. Éste último les dijo que se la podía dejar sólo durante un domingo, pero a ello se sumaba la dificultad de que en España el domingo no se trabajaba, porque así lo imponía la religión de nuestro país. ¿La solución? Pasarse al judaísmo, o al menos eso es lo que le dijo Leone que eran al obispo, quien al resolver que al ser de otra religión no se les aplicaba las mismas normas, les dejó grabar con la grúa de De Laurentiis aquel domingo.

Unida a la producción del filme, tenemos la maravillosa banda sonora de (G)Ennio Morricone, quien al igual que su compañero director, innovó en su campo, con una composición llena de silbidos, coros, guitarras, chasquidos, etc. Pura ambientación western, gracias, una vez más, a Leone, quien le pidió que compusiera música parecida a la del compositor ruso Dimitri Tiomkin, un artista bastante experimental que por aquel entonces gozaba de gran reconocimiento en tierras hollywoodienses. Y aunque esto fue mínimamente planificado, sí que fue fortuito el reencuentro entre Leone y Morricone, quienes habían compartido clase de colegio durante la infancia, aunque no se recordaban mucho. Cuentan que el cineasta no reconoció a su viejo compañero hasta que vio una foto antigua de la clase.

Con todos estos antecedentes terminó Leone su obra, que firmó como Bob Robertson, para darle a todo un aire más de western americano. Era algo habitual que autores europeos crearan seudónimos ingleses, y el escogido por Leone se debía a su padre, el también director de cine italiano Roberto Roberti (Robertson = Hijo de Robert). Morricone también hizo lo propio, y se rebautizó como Dan Savio. Y pese a la poca confianza del equipo, la película fue un éxito, algo que, lógicamente, pilló por sorpresa a todos. La recepción en Italia fue enorme, y como los espectadores estaban acostumbrados a actores alemanes en las co-producciones similares, pensaron que Eastwood también era germano, hasta que el actor empezó a ser reconocido. Más tarde, llegó el éxito en Europa, y posteriormente en Estados Unidos, donde hizo la friolera (si lo comparamos con el presupuesto inicial) de 14.5000.000 dólares. Dada la aceptación en norteamérica, al equipo ya no le hicieron falta seudónimos algunos, y Leone y compañía los reemplazaron por sus nombres reales. Y aun con estas cifras y respuesta del público, los productores le recortaron su sueldo de guionista a Leone, alegando que se lo pagarían en el futuro.

Posiblemente, el tremendo éxito fue dado por la mencionada rotura de esquemas de la película, tanto con el personaje principal que no era el héroe modélico que hasta entonces era popular en el género, como por las innovaciones formales en la dirección de Leone y su modo de mostrar la violencia. En líneas generales, rompía con un idealismo ya manido, por lo que el público la recibió con los brazos abiertos, aunque en la crítica hubo de todo. A quien no le gustó la moralidad del protagonista fue a la televisión estadounidense, quien encargó la grabación de un prólogo para su emisión doméstica en 1975. En el mismo, un representante de la ley interpretado por Harry Dean Stanton saca de la prisión al protagonista, y le ofrece un indulto a cambio de acabar con el conflicto entre los Baxter y los Rojo. Fue una forma de suavizar la trama, justificando de alguna manera y dándole una motivación más heroica que el dinero a nuestro forajido. Sin embargo, ni Leone ni Eastwood se vieron involucrados. Al primero lo sustituyó el director Monte Hellman, y para el segundo se utilizó un doble, del que no muestran el rostro. El prólogo se puede ver en algunas ediciones especiales, o en el vídeo de aquí abajo.

También hubo problemas, esta vez legales, con el cineasta japonés Akira Kurosawa. Al mismo le encantó la película, pero no evitó que denunciara a Leone por plagio de su obra ‘Yojimbo’ (1961), al no pagar ni éste ni los productores los derechos de autor al hacer una cinta claramente inspirada en su obra, contando una historia casi idéntica, y pensando que el filme no iba a tener tal repercusión y que no sería necesario. Kurosawa se lo hizo saber a Leone a través de una carta, que el italiano leyó contentísimo y se encargó de enseñársela, con alegría, a todo el mundo; poco importaban los problemas legales cuando uno de sus ídolos le había elogiado, aunque luego le recriminara por plagio. Más tarde, puso excusas y se disculpó, pero de poco sirvió. Finalmente, Kurosawa y el co-guionista de ‘Yojimbo’, Ryuzo Kikushima, ganaron el juicio, y con ello el 15% de las ganancias de ‘Por un Puñado de Dólares’, así como los beneficios y derechos de su distribución en Japón, Corea del Sur y Taiwan. La jugada le salió a las mil maravillas al japonés, pues curiosamente, y tiempo después, declaró que ganó más dinero con el filme de Leone que con el suyo propio.

A la izquierda, Toshiro Mifune en ‘Yojimbo’. A la derecha, Clint Eastwood en ‘Por un Puñado de Dólares’.

Como veis, no fueron escasos los entresijos, curiosidades y dificultades que supuso ‘Por un Puñado de Dólares’, tanto en su producción y rodaje como en su comercialización. Afortunadamente, todo acabó saliendo bien, y la película supuso el billete de salida para el despegue de Eastwood, Leone y Morricone, e hizo posible la realización de ‘La Muerte Tenía un Precio’ y ‘El Bueno, el Feo y el Malo’, que siguieron reforzando la calidad y el talento de sus responsables, revolucionando el género del western y ocupando un lugar mítico en el cine. Pero todo eso vendría después, pues el germen se encuentra aquí. En los Baxter a un lado, los Rojo al otro, y un hombre sin nombre, con un poncho, un sombrero, y un puro, en medio, que estaría dispuesto a jugarse el pellejo por un puñado de dólares.

 
Fuentes: Por un puñado de localizaciones, Cine Gas Natural Fenosa, Revista Don, La Opinión de Almería, Wikipedia, Pandora Magazine, Blog de Cine, Bandalismo, La Cabecita, Jot Down, TCM, IMDb.

Acerca de Alex Rojano

Imagen de perfil de Alex Rojano
Creador de la página y el que lleva el cotarro de este chiringuito. Me encantan los videojuegos, el cine y las series, así como escribir de ellos, por eso inicié este blog, y a día de hoy aquí seguimos. Los cómics son mi asignatura pendiente, aunque poco a poco me voy poniendo al día y también podéis leer sobre ellos en la web. De la casa Stark, Padawan en muchos aspectos y vengador a tiempo parcial. Yo soy el que le explica a Nolan cómo tiene que explicar los guiones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Powered by themekiller.com