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Crítica de Serie | ‘Mr. Robot’ – 2ª Temporada

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“Control is an illusion”. Con esta frase se promocionaba la segunda temporada de ‘Mr. Robot’, la laureada creación de Sam Esmail que atrapó a muchos (yo incluido) en una primera entrega donde se narraba la psicótica historia de Elliot Alderson, un hacker que pondría en jaque a las grandes corporaciones y, por ende, al mundo. En esta segunda parte del relato, aquél hacker vuelve en una continuación donde la mente de Elliot sigue sorprendiéndonos y donde nuestro protagonista tiene que enfrentarse tanto a Mr. Robot como a las consecuencias de sus actos.

Atención, esta crítica contiene spoilers de la 1ª temporada de ‘Mr. Robot’. Está libre de spoilers de la 2ª temporada

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Mr. Robot y Elliot, una partida por el control.

“Control is an illusion”. Fuera máscaras. La gran revelación de la primera temporada dejaba a los espectadores con la boca abierta: Elliot era Mr. Robot, y viceversa. El carismático a la par que lunático líder de fsociety era una imagen mental de su padre muerto, que el señor Alderson proyectaba, inconscientemente, para poder empujarse a sí mismo a hacer su revolución. Tras conocer la verdad, Elliot asume su doble identidad enfrentándose a ella, intentando mantener bajo control al “fantasma” de su figura paterna. Pero el control es una ilusión. Y es que, como veréis, el eslogan no es una mera frase atractiva para ahondar en las mentes de los espectadores de cara a publicitar la nueva entrega de la serie, sino que tiene razón de ser, y toma forma en el enfrentamiento por el control de la mente (y de paso, del cuerpo) que mantienen Elliot y Mr. Robot en la primera mitad de esta segunda temporada. Una mitad donde él (o ambos) se mantienen desligados casi por completo del resto de personajes y tramas (iremos con ellos más adelante), y donde su papel es más pasivo, al menos fuera de su mente. Parece que las consecuencias de lo que hizo apenas le afectan o son visibles cuando estamos con él. Su razón tiene, y no diré más para no spoilear, pero, por otra parte, toda esta desvinculación del resto del mundo, más allá de las verdaderas razones, es algo que era necesario para que Elliot pudiera seguir desarrollándose. Antes de que el hacker volviera a las andadas, había que aclarar qué ocurría con su nuevo statu quo, profundizar en esa batalla por el control, en unos episodios más lentos de lo acostumbrado, donde el mundo parecía seguir adelante para todos excepto para él. Es por ello que estos episodios no han convencido a muchos espectadores, sin embargo, como digo, me pareció algo tan necesario como disfrutable, y es que, lejos de parecerme aburrido, este choque mental lleno de locura consigue mantener el interés en todo momento. Ya sea por la intriga hacia la inevitable conclusión o por el dúo que lo protagoniza todo. Elliot y Mr. Robot, las dos caras de la misma moneda, están mejor que nunca. El hecho de que ya no haya máscaras entre ellos y el torrente imparable que supone para la mente del primero la proyección de su padre, hace de todo el asunto un forcejeo interno maravilloso y estimulante. Gran parte de la culpa la tiene una vez más Rami Malek, que sigue formidable en el papel, cuya interpretación alcanza a veces niveles de demencia tales que asusta. A la zaga le sigue Christian Slater, que suma y sigue tras su estupendo trabajo en la primera temporada. Ambos intérpretes representando dos facetas que chocan entre sí en una ilusión permanente de control, que se desmorona a pasos agigantados para el pobre de Elliot, a pesar de que éste ponga contra las cuerdas en varias ocasiones a su “otro yo”. Esta ilusión de control ha dejado grandes momentos (como la partida de ajedrez del 2×06), introduciéndose en todos los aspectos de la vida de Elliot, dando forma al rocambolesco giro de guión sobre su estado, y extrapolando su discurso a un ámbito más general. Respecto a esto último, la serie sigue siendo una fuente inagotable de filosofía y crítica contra la sociedad, el sistema, la religión, y cómo todo ello controla al individuo, sin que éste lo sepa. Elliot no controla a Mr. Robot, y las personas no controlan su vida. Dos vertientes de una misma ilusión.

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Se profundiza más en el resto de personajes, cobrando mayor protagonismo Darlene al frente de fsociety.

En cuanto al resto del mundo, y alejándonos de la lucha interna de nuestro protagonista, los demás de personajes tienen que enfrentarse con las consecuencias del 5/9 (el día en el que Elliot lo hackeó todo), teniendo de fondo la incógnita del paradero de Tyler Wellick (Martin Wallström sigue haciendo un trabajo solvente), que es el principal misterio de esta temporada. Así, y diferenciándose un poco de la anterior parte, tenemos un protagonismo más coral. Los personajes ya no bailan tanto al son de Elliot, y se les deja tiempo para que se desarrollen más. Vemos el siguiente paso de fsociety, liderado ahora por Darlene, que cobra mayor protagonismo, y da la oportunidad a la actriz Carly Chaikin de lucirse más de lo que lo hizo anteriormente con un personaje ácido y apático, pero que consigue encandilar pese a todo. Conocemos pues sus motivaciones, que son las mismas que las de Elliot, pero somos conscientes de la preocupación de ésta por su hermano y de la confianza que deposita en él.

Angela (Portia Doubleday), por su parte, sigue en las altas esferas de Evil Corp, pero es algo que da juego, pues supone una curiosa alianza con fsociety y un papel más activo en toda la trama, aunque su personaje pierde muchos puntos en carisma. Si bien en la primera temporada “ni fu ni fa”, aquí he comenzado a odiarla. Angela cae mal. Supongo que de forma inevitable, pues sus inseguridades se manifiestan con una bordería y prepotencia que causan un rechazo justificado.

También cobra mayor protagonismo Joanna Wellick (Stephanie Corneliussen), aunque es la parte de esta visión de todos los personajes que más me ha sobrado. Vemos cómo le va tras la desaparición de su marido, sus sadomasoquistas hábitos, y de vez en cuando la interacción con algún que otro personaje, pero en general juega un papel bastante desvinculado del resto de tramas, y a veces me pregunto si es necesaria su inclusión.

Y tenemos personaje nuevo, consecuencia de la investigación del FBI sobre el gran ataque hacker, Dominique DiPierro (Grace Gummer). Con Dom, somos testigos de la investigación federal, del lado de la ley en todo esto, algo ciertamente nuevo. Y ella no es una mera herramienta para mostrárnoslo, sino que es un personaje con tantas inquietudes como los demás, vemos cómo le afecta el caso y se desarrolla a lo largo de la temporada, gracias a un buen trabajo de Gummer. Su rol e inclusión acentúan el grado de thriller policíaco que desprende la serie, aunque básicamente éste también se ve incrementado por todos los demás puntos de vista y elementos. El cómo afecta todo y cómo actúan las cabezas pensantes de Evil Corp, con mayor énfasis en el cinismo de su líder, Phillip Price (Michael Cristofer). Un mayor papel activo del Ejército Negro, provocando muertes en tiroteos y atentados que dejan momentos brutales. Elementos que nos dicen que el 5/9 no ha sido moco de pavo, y que aumentan el peligro en el que están envueltos los protagonistas. Igualmente, se pone atención en intentar mostrar cómo ha afectado todo a la gente, a la sociedad, aunque es algo que sólo está presente en diálogos. “El mundo está jodido”, “Todo se va a la mierda” o frases por el estilo, pero realmente no vemos tanto caos o pobreza cuando los personajes salen a la calle, o por medio de las noticias. Prácticamente sólo somos partícipes de cómo afecta a los personajes principales, fallando en este aspecto la ambientación. Puede parecer un detalle pequeño, pero es algo que me llamó la atención y me sorprendió en una producción tan cuidada como ‘Mr. Robot’.

Con el personaje de Dom, el FBI se introduce en la trama.
Con el personaje de Dom, el FBI entra en juego.

Por otro lado, cabe destacar las innovaciones formales de la producción en esta segunda temporada. Se mantiene el empaque visual apoyado en la fotografía, así como la capacidad de la misma para narrar, que ya tuvimos en la primera parte, pero se percibe un ligero cambio en el apartado sonoro y musical. La anterior entrega de ‘Mr. Robot’ tuvo una banda sonora increíble, tanto de canciones externas a la producción como obra original compuesta por Mac Quayle. Aquí notaréis que se han incrementado mucho las primeras, que dan más ritmo y apoyan narrativamente en ocasiones, acompañando a lo que vemos o buscando el contraste de la forma más explícita. Particularmente, es algo de lo que no me quejo… Siempre y cuando no le quite terreno a lo segundo, y aquí lo hace. El resultado es que poco se me ha hecho oír del estupendo trabajo de Quayle, y he echado de menos melodías que sonaban bastante en la primera temporada, y que aquí, si lo hacen, es en contadas ocasiones. No me malinterpretéis, me gusta la selección de canciones de la que hace gala ‘Mr. Robot’, pero en esta segunda parte han faltado mucho las composiciones de Quayle.

También se ha recurrido mucho al uso del flashback, iniciándose casi todos los episodios con uno. Está claro que es un recurso que muestra hechos pasados, pero hay formas de utilizarlo, y aquí han ido a la raíz de lo que vemos en el presente, mostrándonos varios aspectos del origen de fsociety, de la locura de Elliot y de Mr. Robot. Fue algo que ya se utilizó en la anterior temporada, por ejemplo con el momento en el que Elliot y Shayla se conocen, y que aquí han explotado más, para el disfrute del espectador. Porque, no es que se pidieran a gritos, no responden a preguntas universales que plantea la serie, pero desarrollan momentos curiosos y deja algún que otro ya mítico dentro de la producción (sí, hablo del origen de la máscara de fsociety y de esa conversión momentánea de Elliot).

El resto de elementos que hacían de ‘Mr. Robot’ una serie con múltiples riquezas formales y técnicas se mantienen, uniéndose a la ya mencionada fotografía el soberbio uso del montaje para colarnos, más que nunca, en la perturbada y ajetreada mente de Elliot.

No faltan los sorprendentes giros de guión, cuyas piezas se colocan de antemano para que resulten plausibles.
Técnicamente, la serie sigue siendo una gozada.

En definitiva, esta segunda temporada de ‘Mr. Robot’ ha ido cociendo a fuego lento el descontrol que sufren los protagonistas sobre los acontecimientos que se les vienen encima tras el hackeo mundial del 5/9, para no dejar de sorprender e introducir jugosos giros de guión, haciendo de nuevo que todo encaje y que poco resulte forzado, y dejándonos otra vez con varias incógnitas y cliffhangers que harán larga la espera de su tercera parte. Muchas ganas de seguir las desventuras de fsociety y de seguir introduciéndome en la demencial y peligrosamente adictiva mente de Elliot Alderson. Una mente donde el control es una ilusión, donde reina un orden caótico (no hay más que ver el final) impuesto por esa sombra, a veces muy real, llamada Mr. Robot.

“Control is an illusion”. Con esta frase se promocionaba la segunda temporada de ‘Mr. Robot’, la laureada creación de Sam Esmail que atrapó a muchos (yo incluido) en una primera entrega donde se narraba la psicótica historia de Elliot Alderson, un hacker que pondría en jaque a las grandes corporaciones y, por ende, al mundo. En esta segunda parte del relato, aquél hacker vuelve en una continuación donde la mente de Elliot sigue sorprendiéndonos y donde nuestro protagonista tiene que enfrentarse tanto a Mr. Robot como a las consecuencias de sus actos. Atención, esta crítica contiene spoilers de la 1ª…

NOTA

MUY BUENA - 8.5

8.5

MUY BUENA

La segunda entrega de 'Mr. Robot' nos introduce aún más en la perturbada mente de Elliot, y resulta igual o más estimulante en todos los aspectos que la primera.

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Acerca de Alex Rojano

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Creador de la página y el que lleva el cotarro de este chiringuito. Me encantan los videojuegos, el cine y las series, así como escribir de ellos, por eso inicié este blog, y a día de hoy aquí seguimos. Los cómics son mi asignatura pendiente, aunque poco a poco me voy poniendo al día y también podéis leer sobre ellos en la web. De la casa Stark, Padawan en muchos aspectos y vengador a tiempo parcial. Yo soy el que le explica a Nolan cómo tiene que explicar los guiones.

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