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Análisis | Driveclub (PS4)



Uno de los grandes exclusivos de PlayStation 4, un titulo de conducción con gráficos de nueva generación que llevaría el nuevo hardware de Sony hasta el tope, y que además contaría con un factor social basado en comunidades que propondría retos en cada carrera y una competición entre jugadores continua. Por si fuera poco, el juego llegaría de manera gratuita, aunque limitado en ciertos aspectos, para todos los usuarios de PlyStation Plus.

Así se nos vendió la moto -o el coche, más bien- durante la presentación de la nueva consola de Sony con Driveclub, el nuevo juego de Evolution Studios, los británicos encargados de las sagas World Rally Championship –En PlayStation 2- y Motorstorm –En PlayStation 3-. Sin embargo, el juego tardó en salir mucho más de lo esperado, dejando de ser uno de los títulos de salida de PlayStation 4, y sus servidores no funcionaban, imposibilitando el juego online del título. Vamos, de llorar.

Hace relativamente poco (un par de semanas), me animé con Driveclub y le di una oportunidad, y ahora sí, con la gran mayoría de sus errores corregidos, es un titulo a tener en cuenta entre los poseedores de PlayStation 4, con, eso sí, sus puntos fuertes y flacos, como cualquier juego.
Arrancamos. -Perdón. Pero tenía que ponerlo-

El principal atractivo de Driveclub es su interacción con el resto de jugadores por medio de clubs, de hasta un máximo de seis miembros, por ello, para disfrutar el juego en su prenitud, es recomendable introducirse en un club desde el primer momento. Esto hará que todos aquellos “puntos de fama” que consigamos durante las carreras no suban nuestro nivel individual, si no que contribuirán a subir el nivel de nuestro club. Sin embargo, también podemos actuar como “agentes libres” -como los denomina el propio juego-, es decir, ir por nuestra propia cuenta, sin unirnos a ningún club. Subir de nivel, el cual es el principal añadido del juego, además de batir récords de la comunidad para satisfacción personal, nos servirá para desbloquear nuevos coches, así como vinilos para decorarlos.

Pero bueno, habiendo hablado de cuál es el objetivo del juego, y qué desbloqueamos al conseguirlo, queda hablar de cómo conseguirlo, y eso implica tanto modos de juego como mecánicas jugables.

En primer lugar, Driveclub presenta un modo individual, el llamado Tour, en el que participaremos en diversas carreras, en las cuales solo se nos permitirá elegir determinados vehículos para competir y en las cuales se nos plantean diversos retos -como terminar en posición de podio, acabar en un tiempo por debajo de un tiempo determinado, o superar una puntuación en un desafío dentro de la carrera-. Superando estos retos, conseguimos estrellas, necesarias, además de para lograr fama, para seguir avanzando en este modo Tour. Aunque no está está del todo mal, este modo se acaba quedando corto, no demasiado complicado, y bastante monótono, siendo lo más destacable -para mal-, que en este Tour principal ninguna carrera incluya cambios meteorológicos -sí las hay, sin embargo, en el contenido descargable, otro tema del que hablaré después-

El modo Evento libre, es eso, un modo para elegir nosotros mismos qué clase de evento queremos jugar -carrera, contrarreloj o derrape-, elegir un circuito -de entre los disponibles repartidos en seis países; Canadá, Perú, India, Japón, Noruega o Escocia- y a correr. Podemos configurar también la hora del día y el clima, lo cual nos permite crear eventos a nuestra medida. Aquí es donde más se echa en falta que Driveclub no permita el multijugador local, ya que en estos eventos libres tendremos que conformarnos con  correr contra la IA.

 Por último, en el Multijugador Online, podremos participar en series de eventos, algunos de ellos con una selección de vehículos limitada, con un máximo de doce jugadores. Durante los primeros meses de vida del juego, los servidores iban de manera desastrosa, impidiendo jugar online, aunque en estos momentos, y hablando por experiencia propia, éstos no dan ningún problema, y aunque el tiempo en las salas de espera es excesivamente largo, esto no tiene nada que ver con la conexión, y se puede jugar sin problemas.





Driveclub no es, ni de lejos, un simulador de conducción, por lo que sus carreras son de lo más arcade que he jugado en mucho tiempo -y eso que últimamente le doy mucho a Mario Kart 8-, lo cual es un punto a su favor, ya que consigue que el control sea mucho más accesible y la sensación que se transmite cuando conduces, mucho más satisfactorias. Lo que sí he echado en falta en Driveclub es más espectacularidad. Si bien los desafíos que nos encontramos en las propias carreras
– que se dividen en tres, superar una velocidad media en un determinado segmento de carrera, realizar buenos derrapes o tomar curvas con la máxima precisión posible- añaden cierta emoción, no son suficiente. La IA no es especialmente agresiva, y no cuesta demasiado sacarle suficiente ventaja como para ganar con cierta tranquilidad. Además, los circuitos son totalmente lineales y cerrados, por lo que no hay lugar para los atajos. Es más, si somos especialmente sucios con los rivales -empujando su coche fuera de pista, por ejemplo- o intentamos acortar una curva, recibiremos una penalización que nos frenará. Algo que, teniendo en cuenta el control arcade del juego, queda fuera de lugar. No que hubiese sido como Motorstorm –que era más Mad Max que carreras de coches-, pero si me hubiese gustado que hubiese más agresividad, más espectáculo.

 Sin embargo, no se puede decir que Driveclub no sea un espectáculo, y es que desde el primer momento que ves el juego, te entra por los ojos. Cada carrera es una delicia visual, en todos sus aspectos, no por nada se llevó el Premio Leonardo DiCaprio a los mejores gráficos. Y es que, hablando en plata, Driveclub se ve de cojones. Vehículos, circuitos, la lluvia, la luz….todo luce sensacional. Sus gráficos son, sin duda, el punto más fuerte del juego. Solo hace falta jugar una carrera con lluvia para darse cuenta de que es un título puramente de nueva generación.

Aunque el apartado sonoro tampoco se queda atrás, por lo menos en lo respectivo al sonido de los vehículos. La recreación de los rugidos de los motores es más que notable, muy diferente dependiendo del coche que hayamos escogido, y el cómo este sonido cambia dependiendo de si jugamos con la cámara exterior o desde el interior del vehículo. No se puede decir lo mismo de la banda sonora, compuesta por temas de drum & bass de baratillo, nada destacable. El juego es consciente de ello, y está configurado para que si jugamos con música de fuera -tanto por medio de un USB o de Spotify-, la música del juego se desactiva automaticamente.







Driveclub se maneja bien y luce mejor, pero quiero aprovechar el final del análisis para hablar del contenido descargable, algo que, en Driveclub me ha tocado especialmente las narices. Cuando elegimos un vehículo, podemos ver cuáles de ellos podremos desbloquear subiendo de nivel, sin embargo, éstos se encuentran situados después de aquellos que solo pueden conseguirse comprándolos, por lo que estamos obligados a pasar por estos y ver todo el contenido que Evolution ha decidido no incluír en el juego para sacarlo más tarde como contenido de pago. Y lo peor es que la cantidad de coches que hay que pagar es casi superior a los que incluye el juego.


Algo parecido para en el Modo Tour, en el que podemos ver cuantas estrellas hemos conseguido del total, aunque se incluye en este total todas aquellas pertenecientes a eventos descargables. Ese descaro a la hora de no ocultar que la mitad del juego parece haberse quedado en la Play Station Store es precisamente lo que más me molesta. 

Por otra parte, habrá que esperar a ver que pasa con la versión de Play Station Plus -aquella con un número de vehículos reducido y que solo incluye los circuitos de Escocia-, aunque su salida parece inminente. Todo parece indicar que en el E3 se darán más detalles, así como del contenido de la “segunda temporada” de DLCs

 




Tardó en llegar, pero finalmente Driveclub ha resultado ser un juego en condiciones, con un apartado técnico realmente impresionante, que sin embargo, se queda a medio gas por culpa de unas carreras demasiado lineales y faltas de emoción. Podría decirse que Driveclub es como un desfile de moda, una pasarela de coches de lujo, sí, todo luce realmente muy bien, pero a la larga se hace cansino y repetitivo.


Lo mejor


El control arcade, para los negados de la conducción, es un punto a favor.
Los desafíos durante las carreras, nos obligan a estar centrados durante todo su desarrollo.
El apartado gráfico, tanto vehículos como escenarios.
La lluvia y la luz, efectos perfectamente recreados.
La recreación del sonido.


Lo peor


A las carreras les falta emoción, queremos choques, y fuego.
Circuitos demasiado lineales y cerrados, no hay atajos.
La música del juego, genérica, no aporta nada, bastante olvidable.
Demasiado contenido de pago, y ninguna intención de ocultarlo.



Acerca de Chopped

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Murciano en el Norte. Juego a cosas, veo cosas y a veces escribo sobre ellas. Pero la mayoría de las veces no.

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